Los
Ponce Cueto, terminaron de la peor manera sus vacaciones. Todo el viaje había sido
entretenido y de mucha unión, eran las vacaciones soñadas. Uno de los planes de
la familia era viajar en auto desde Valdivia hasta Dichato, un pequeño pueblo
ubicado en la Región del Bío-Bío.
La familia se hospedó en “Las cabañas de los Tohá” justo frente al mar con una vista hermosa. La
noche del 26 de febrero de 210 A Estefanía le llamó la atención el fuerte olor a mar, mezcla de
azufre, mariscos y pescado. La tranquilidad era inquietante, no se escuchaban
ladridos de perros en la calle ni se veían volar gaviotas. “los animales ya sabían lo que iba a pasar”
dice Estefanía; esa noche una gran luna
llena iluminaba todo.
Se reunieron en familia a
ver el Festival de Viña del Mar por la televisión. El viaje había sido
agotador, a las doce de la noche estaban todos durmiendo.
A las 3:34 am todos se despiertan
con un ruido subterráneo “similar al paso de un camión grande de ruedas pesadas
y bulliciosas”. Inmediatamente todo se empieza empezó a mover con tanta fuerza
que era imposible estar de pie.
- ¡ Esto es un terremoto
y viene el tsunami !- gritó el papá de Estefanía.
El movimiento no dejó hacer
mucho, era en todas direcciones y mantener el equilibrio se hacía difícil. A
pesar de todo, la familia se organizó rápidamente y mientras
la tierra se movía, se vistieron y tomaron las pertenencias más importantes.
Una labor diaria tan
fácil como sacar el auto del estacionamiento se hizo casi imposible, el
movimiento era demasiado grande y el auto saltaba, casi no se mantenía en el
suelo, con mucho esfuerzo fue posible sacarlo.
Todos se suben subieron
al auto. El escape en dirección al cerro fue dificultoso por el movimiento y
por el poco conocimiento que tenían del lugar.
A medida que se alejaban
del borde costero rumbo al cerro, Estefanía miró por la ventana trasera
del auto en dirección al mar, le llama llamó la atención que éste se ve negro y
ya no se refleja en él la luz de la inmensa luna llena.
Por el camino vieron a
muchas personas arrancando a pie y en vehículo, sin embargo, fue un
escape rápido y ordenado. Llegaron a la subida de Pingueral, que está
marcada como zona segura de tsunami y se quedaron ahí con la
incertidumbre de no saber qué es lo que estaba pasando en el borde
costero, todos estaban en la misma situación, el miedo y desconocimiento los
llena de emociones tristes, muchas personas lloran y rezan por sus casas o sus
negocios, el esfuerzo de todas sus vidas está en peligro y no pueden hacer nada
para salvarlos.
Después del terremoto y
estando en tierra segura, pasó una patrulla de Carabineros con megáfonos
gritando:
- ¡Sigan en el cerro, si pueden
seguir subiéndolo háganlo porque viene el tsunami!
La situación era
alarmante porque nadie sabía ni entendía lo que sucedía a orillas del mar. La
relativa calma se interrumpía con réplicas del terremoto, todas tan fuertes como
el primer movimiento.
Al pasar las horas, casi
cuando amanecía, la radio Bío- Bío entregaó la información de volver a los
hogares, la familia Ponce Cueto decide esperar en el auto y no bajan, muchas
personas lo hicieron, necesitaban ver como seguían sus hogares.
Una segunda patrulla de
Carabineros pasó nuevamente con un megáfono, esta vez la advertencia era clara
y fuerte:
- ¡No bajen del cerro ¡ ¡Quédense en sus
lugares! ¡El mar se salió!
El nerviosismo e
incertidumbre se siente sentía entre todas las personas que seguían en
el cerro pero todos deciden decidieron no bajar, a pesar de que ni siquiera en
la Radio tenían información clara, nadie sabía lo que realmente estaba pasando
en Dichato y menos el escenario con el que se encontrarían al amanecer.
Cerca de las ocho de la
mañana, las personas empiezan a bajar a ver sus casas, la familia de Estefanía
también baja, el escenario era devastador. Lo primero que ven es un auto sobre
la copa de un árbol, el suelo estaba lleno de peces medios vivos, algunos en
pequeñas pozas de agua. Camino al borde costero se veían algunas casas sobre
otras, muchas fugas de gas, incluso por algunos lados no se podía caminar
porque el nivel del mar seguía alto.
De las cabañas donde
alojaron no quedaba nada, solo el piso de madera de una de ellas, era como si
nunca hubiesen existido. Todo se perdió, menos la vida.
Los mismos carabineros
autorizaron el saqueo de supermercados. Estefanía y su familia sacan alimento y
agua para continuar el viaje de regreso hacia Viña del Mar.


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